viernes, 24 de octubre de 2014

REUNIÓN POR TELÉFONO



El lunes te llamamos a tu despacho el jefe de departamento y yo, y nos desviaron a tu casa porque llevas dos meses en régimen de teletrabajo. Queríamos cerrar contigo el tema de las facturas de tu empresa, que ahí siguen, y de las dos formaciones que os faltan de impartir. Activamos la llamada grupal y el manos libres. La tele-reunión duró media hora y, aparte de que, como de costumbre, no nos solucionaste nada, tu hijo de nueve meses estuvo berreando y haciendo ruiditos todo el tiempo.

Mi opinión sobre el teletrabajo no viene al caso y no me meto en la decisión que tu jefe haya tomado al respecto, pero supongo que entenderás que una reunión con llantina infantil de fondo alternada con chillidos llamando a mamá y con una especie de gu-gu-gu que nos puso la cabeza como un bombo, me parezca el colmo de la cutrería y de la antiprofesionalidad. 

Me permito recordarte que la conversación telefónica del lunes no era una cháchara con tu madre, ni con una amiga, ni con el mentecato de tu director, que tanta cancha te da, sino una reunión de trabajo con una Administración pública de la que tu empresa es proveedora, y que en una reunión de estas características tampoco es que hayan de guardarse excesivas formalidades, pero sí al menos demostrar una seriedad, un decoro y un respeto que tú no nos demostraste. Al contrario, nos diste a entender que eres una irresponsable, que no tienes ni idea de cómo comportarte con un cliente y que en tu caso el teletrabajo es una treta para escaquearte y cuidar al niño.

Que el crío llore es normal y que tu prioridad sea atenderlo, también, pero si no sabes hacerlo sin que interfiera en tus obligaciones profesionales, cógete una excedencia o renuncia al puesto, y céntrate en tu maternidad y en cuidar a tu maridito, que estoy convencido de que es tu verdadera vocación. Te garantizo que serías mejor ama de casa que consultora (a poco), aunque, claro, en estos tiempos extraños todas queréis estar en misa y repicando a la vez, practicando una conciliación de la vida laboral y familiar ajustada con calzador o yo diría mejor que a martillazos. Y así nos va.

Ya te digo que me encantaría saber qué opina tu jefe de que estés hablando con nosotros el espinoso asunto de las facturas mientras le das el biberón a Pelayo, creo que se llama, y nos deja medio sordos con sus bramidos cuando tratamos de explicarte que antes de la semana del 24 de noviembre tiene que estar todo cerrado o no vais a ver un euro.

2 comentarios:

Aprendiz de brujo dijo...

Interesante relato.Yo creo que disfrazas un caso de simple ineptitud ó al menos de falta de saber estar, en un asunto de incompatibilidad femenina entre vida laboral y familiar y terminar concluyendo los lances con un par de medias verónicas machistas y misógenas, que pueden despistar al personal de la esencia del caso, que no responde a otros parámetros, que no sean la ineptitud y la falta de saber estar.

PΩLITÍCOLA dijo...

el caso que describe Al Neri es muy frecuente. Personalmente lo he sufrido dos veces esta semana, en una de las cuales tuvimos que dar por terminada la reunión telefónica porque el Pelayo de turno (Miguel en este caso) no paraba de fastidiar a su madre. El otro caso era una persona residente en Francia así que, en todas partes cuecen habas.

Tele trabajo sí, pero con entornos dedicados al trabajo y satisfactorios tanto para el empleado como para el empleador. Conozco una empresa, AT&T, que firma contratos de tele trabajo en los cuales el empleado ha de asignar una habitación al efecto y la empresa se encarga de amueblarla completamente y dotarla de la electrónica necesaria.