jueves, 25 de noviembre de 2010

INTERNET EN EL MÓVIL

Hace meses Teutates comentaba en este blog que “es cierto que estamos en una sociedad consumista 100%, pero yo me pregunto qué sucedería con los puestos de trabajo si eso no fuera así. De hecho, nuestro sistema económico, por desgracia, no funcionaría sin altas tasas de consumo. Nuestra sociedad se rige de forma absoluta por la oferta y la demanda, el comprar y vender, y si esto se quiebra, el sistema socio-económico que nos hemos montado se hunde”.

Dicho de un modo más gráfico: Si unos cuantos listos no nos estuvieran creando todos los días necesidades absurdas para llevarse nuestra pasta, en esta sociedad no habría curro para nadie.

Una de las últimas manifestaciones de esta situación de locos que nos hemos montado entre todos son los móviles con Internet. Porque no sé vosotros, pero de tres meses a esta parte el 90% de las personas de mi entorno social y laboral se ha agenciado un móvil de ultimísima generación, con conexión de banda ancha a la Red. Y me temo que otro 5 ó 7 % termine adquiriendo uno con motivo de las fiestas navideñas, como tantos españolitos medios.

No quiero criticar a nadie, ni mucho menos. También debo tener cuidado con lo que escribo, no vaya a ser que me pase como a los que en el 97 criticaban (criticábamos) a los que llevaban un teléfono móvil diciendo que menudos gilipollas, que se creerían Mario Conde y tal, y cuatro años más tarde tenía dos móviles todo perro pichichi. Solo quiero reflexionar sobre la sutil diferencia entre nuestras necesidades reales y nuestras necesidades prefabricadas e impuestas aprovechando el gregarismo consustancial al ser humano.

Me pregunto sinceramente quién diablos necesita hoy en día estar conectado a Internet a todas horas, desde cuando va caminando o viaja en el autobús hasta mientras caga en el váter o se está tomando unos cacharros con los amigos. Y la pregunta me la hago más bien porque en esto de las modas chulis (y carísimas) los españoles tendemos a hacer tabla rasa y si el nuevo invento nos hace ilusión, nos lo compramos sin más, aunque no nos haga falta para nada; eso sí, buscando siempre una sesuda justificación al capricho. Así hoy ya disponen de Internet en el móvil tanto el ejecutivo bursátil como el cabrero, tanto el que tiene una empresa en la Red como la choni ama de casa que solo se conecta para actualizar su Facebook.

Ni que decir tiene que el dinero tampoco es un problema. En cuanto en un grupo de amigos o en un corrillo de compañeros de trabajo, uno enseña su nuevo aparatito (¡el teléfono, quiero decir!) y proclama la súper oferta que ha pillado, no pasarán ni dos semanas para que todos los colegas o compis de planta se unan al club del móvil conectado, no faltaba más, tanto el que tiene una economía holgada que le permita el capricho como la víctima del subempleo, el parado y el hipotecado hasta las cejas que luego está todo el día quejándose de lo achuchado que anda todo.

En este país somos muy chulos. Podemos estar ganando el sueldo mímimo o incluso cobrando el subsidio del INEM, y tener dos conexiones a Internet, la de casa y la del móvil, más un NetPC y todas las chorradas imaginables, con tal de estar a la última o no ser menos que el vecino. ¡Porque yo lo valgo!

O la crisis nos está
haciendo reflexionar poco, muy poco, ya que muchos se siguen empeñando en vivir por encima de sus posibilidades, o resulta que yo soy un antiguo que no se entera de nada y, como nos decía Teutates, todo esto es imprescindible para sostener el tinglado en el que vivimos. Ya dice otra amiga mía que la mejor actitud para que España salga de la crisis es gastar y consumir, y que ahorrar en estos momentos es de insolidarios antiespañoles. Veo que algunos son muy patriotas porque siguen este consejo con entusiasmo aunque se queden más "pelaos" que la raspa de una sardina.

10 comentarios:

perroviejo dijo...

Soy una antigua, tengo que reconocerlo. Cada vez que cambio de móvil y cambio cuando ya ni carga la batería, siempre elijo el más simplón, el que no quiere nadie.
Vamos que tengo uno de esos que para llamar y con cuidado no le de por fallar en ese momento.

Elena Lechuga dijo...

Avergonzada me he

nagore dijo...

Yo tambien soy muy rústica. Con que tenga Play y ON y los númrros del 0 al 9...suficiente.

Me sobran mandos, botones... ya no quiero inhalámbricos en casa, no valen para nada; cuando llevo hora y media hablando por teléfono, me quedo sin baterïa y tengo que correr a por el Góndola, ese sí que si... nunca falla!!! y donde esté un "Heraldo" que se quiten las modernidades.

Y desde luego que cuando salgo, no me localiza ni el "tato", ni tengo "Feisbu", ni llevo móvil...nada!

Despues de 5 años, he descubierto que mi microondas tambien es horno, me gratinó el colacao. Ojalá recordara cual fue el botón que apreté...

Pero reconozco, que todo, bien utilizado y por quien realmente lo necesite... bueno es.

Y tontorrones que hagan ostentación de poderío a través del coche, el móvil y de lo que se ve... tambien! a esos querría verles yo la nevera, je, je...

El Subdirector del Banco Arús dijo...

En efecto, yo creo que no son más que necesidades creadas para sablearnos por cosas que no necesitamos. ¿Quién precisa realmente Internet en el móvil tanto como para pagar el pastón que cuesta la tarifa plana? Realmente creo que muy pocas personas salvo aquellos directivos de empresa o autónomos que a los que efectivamente les compense no perder el tiempo en desplazarse a la oficina a mirar el correo electrónico.

Los demás, ¿para qué? Para poner el Facebook cada dos minutos qué están haciendo. ¿Tan importantes son? Esnobismo puro y duro.

Suso dijo...

Antes las cosas estaban hechas para que duraran,incluso se almacenaban en cuartos trasteros por temporadas. Y aún hoy en muchos pueblos hay memoria viva de muchas cosas en las cocinas, en la sala de estar ( en mi caso se vive al calor del brasero)...¡tantas cosas!

La ropa duraba y duraba, y se heredaba de hermanos a hermanos.

Hoy el sistema se iría a la mierda si todos pensásemos en que durasen las cosas.

Pones el ejemplo de los móviles (yo llevo siete años con un Nokia que tiene lo imprescindible y me va muy bien), pero ¿y los coches?, ¿los televisores?...en fin, se hacen para que no duren, y por otro lado, te bombardean para que te acomplejes por no estar a la altura.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

En efecto, Suso. Se ha perdido (y no creo que sea obra del azar o de la simple evolución social) la intención de comprar cosas para tenerlas durante años. Ahora lo que se lleva es el comprar barato, usarlo y tirarlo al poco tiempo (ya sean bienes materiales, ideas o personas).

¿Esto es sostenible material y humanamente?

mujer prevenida vale por dos dijo...

No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.

Y si no hubiera curro para "nadie"
, porque no tuviesemos necesidades aburdas... empezariamos a currar en lo que de verdad importara.

Nuestro sistema económico está claro que se fundamenta en el consumo=felicidad algo totalmente incierto.
Y lo que ha conseguido en los últimos años ha sido el empobrecimiento sistemático de la mayor parte de la sociedad... o tal vez sean cosas mías.

sandra dijo...

Hoy sobra mucho snobismo...

Siempre surgirán nuevas necesidades... pero como antes tras surgir las necesidades buscábamos productos, hoy compramos productos que nos crean necesidades irreales.

Una cosa es que la gente hoy tenga coche cuando hace 100 años nadie lo tenía. Y otra cosa es que si no te cambias cada 3 años de coche y que venga con aire acondicionado, 9 DVD, Tonton, 12 airbags, 665 caballos, frenos abs y zns, faros de xenón y macroligth, con incrustaciones de madera de ébano jamaicao y piel de vaca de kove... pues sin eso no eres nadie.

En fin, un esnobismo que nos aniña... y que nos lleva no sólo a vivir por encima de nuestras posibilidades... sino que nos hace creer que valemos lo que tenemos. Como con 15 años.

ignatus dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ignatus dijo...

Sobre el tema del consumismo es interesante el reportaje que echaron en TVE sobre "obsolescencia programada". En el enlace hacen un resumen y permiten ver el documental completo (52 minutos).

Que os guste